De la dependencia emocional al apego seguro: mi propia historia
Antes de acompañar a otras personas en sus relaciones, tuve que atravesar mi propio proceso. Y no fue lineal, ni rápido, ni especialmente bonito de vivir por dentro. Hoy comparto contigo un pequeño resumen de mi historia personal.
Cómo viví la dependencia emocional
Durante mucho tiempo entregué todo en mis relaciones a cambio de muy poco. No lo veía así en su momento: lo llamaba entrega, compromiso, amor incondicional. En realidad era dependencia emocional pura. Estaba buscando un amor que jamás había experimentado en mi infancia, de la misma forma que alguien busca algo que no sabe cómo es. Pero eso es otra larga historia que algún día te contaré.
Idealizaba a la otra persona antes de conocerla de verdad, y por supuesto, cada vez que me enamoraba perdía el control sobre mi propia vida y me olvidaba de mi. Cuando aparecían señales de que algo no encajaba —lo que hoy llamaría banderas rojas— las apartaba de mi cabeza casi automáticamente. No quería verlas porque verlas significaba cuestionar algo en lo que ya me había volcado por completo.
El patrón se repitió más de una vez, con distintas personas y distintos contextos, hasta que las decepciones se acumularon.
El vaivén entre el apego ansioso y el apego evitativo
Después de esas decepciones no encontré el equilibrio de golpe. Pasé por una fase de alternar entre dos extremos: apego ansioso, necesitando constante validación y con miedo al abandono, y apego evitativo, poniendo distancia y desconfiando en cuanto alguien se acercaba de verdad. Ninguno de los dos era estabilidad, solo eran dos formas distintas de protegerme del mismo miedo.
Cuando me enamoraba se despertaban automáticamente todos mis miedos, como si permanecieran agazapados en una cajón esperando el momento oportuno para salir sin pedir permiso. Y por supuesto, terminaba sufriendo en esas relaciones más de lo que me gustaría admitir. Fue ahí cuando empecé a experimentar algo nuevo para mi; el apego evitativo. Viví relaciones donde no me implicaba ni exigía demasiado, más elegidas desde la mente que desde el corazón. En ese tipo de relaciones no sufres demasiado, pero tampoco sientes una conexión real ni profunda.
El punto de inflexión
Un día me planté. Necesitaba entender porque me relacionaba de esa manera. Quería salir del ciclo de enamorarme y sufrir o elegir con la mente y no sentir. Empecé terapia. Y en paralelo, decidí formarme como coach certificado por ASESCO, con reconocimiento de la ICF (International Coaching Federation). No busqué esa formación para tener un título más: la busqué porque necesitaba entender, con estructura y no solo con intuición, lo que me estaba pasando.
Ese proceso —terapia más formación— fue lo que me permitió empezar a vivir las relaciones desde un apego seguro. No de un día para otro, y no como un estado que se alcanza y ya está garantizado para siempre, sino como una forma distinta de relacionarme que tuve que sostener y seguir practicando. Hay un poder muy grande escondido detrás de conocerte de verdad, de entender porque haces lo que haces.
Un poder que trae paz y claridad, y que te permite elegir y relacionarte desde ti, sin miedo ni ansiedad.
¿Por qué decidí compartirlo?
Fue en ese momento, ya viviendo desde otro lugar, cuando decidí que no quería quedarme solo con lo que había aprendido para mí. Hace más de 6 años que acompaño a otras personas a reconocer y cambiar el mismo patrón que yo había vivido: la idealización, las banderas rojas ignoradas, el vaivén entre ansiedad y evitación. Desactivar ese piloto automático que ni siquiera sabes que está encendido.
De ahí nace Reset Emocional: no como una fórmula genérica, sino como la sistematización de un proceso que primero recorrí yo mismo y que después contrasté acompañando a otras personas. Ojalá hubiera existido este programa para mi. Ahora es para ti.
Si te reconoces en algo de lo que acabo de contar, en septiembre vuelvo a abrir el programa. Puedes ver los detalles aquí.